El martes 8 de marzo, Miguel Ángel Osorio Chong pronunció un mensaje de vital trascendencia y obligada lectura. El discurso se externó en una de las regiones heridas, agraviadas, profundamente lastimadas por la violencia. En el municipio de Arteaga, Coahuila, el Secretario de Gobernación clausuró el “Tercer foro sobre el uso de la marihuana”, uno de tantos encuentros promovidos por el gobierno de la república.

Ahí el huésped principal del Palacio de Cobián hizo una de las más trascendentes reflexiones políticas de los últimos años y sin duda el señalamiento más agudo del actual sexenio. Estas fueron sus palabras:

“En el caso de México, sabemos que ha habido un incremento paulatino en el consumo de sustancias ilícitas, y también conocemos el alto precio que trajo consigo la mal llamada guerra contra las drogas.

Porque, hay que decirlo, y decirlo claro, se partió de un diagnóstico equivocado y de una estrategia mal diseñada que generó una escalada de violencia sin precedente. Coahuila es ejemplo.

En este sentido, resulta necesario distinguir entre los daños que causan las drogas, y los daños que causan las políticas de drogas equivocadas.

Por eso hay que preguntarnos qué esquemas debemos adoptar para reducir el consumo, por un lado, y por otro, para debilitar el poder económico de la delincuencia organizada asociada a su producción y distribución.”

Hasta aquí la cita.

Este es el primer juicio que la actual administración hace sobre la guerra fallida emprendida por Felipe Calderón Hinojosa. Nunca antes se había vertido un señalamiento tan directo, crudo y áspero.

Pero al tiempo de abrir fuego sobre los Calderón, el titular de Gobernación esta arrancando formalmente el juego de la sucesión presidencial. El 8 de marzo debe leerse como la primera campanada en el ring del 2018.

La respuesta de Felipe Calderón fue débil, raquítica. Como lo fue todo en su sexenio. Ni siquiera en su gobierno tuvo la fuerza para colocar a “Cocoa” en la gubernatura de Michoacán o a Ernesto Cordero en la tan anhelada candidatura presidencial.

Hoy sólo queda polvo de aquellos lodos; la señora y el señor Calderón son cadáveres políticos que quieren salir de sus ataúdes, pero está claro que el juicio de la historia los habrá de enterrar en fosas aún más profundas.

Sin duda la Ley del Karma.

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